Las patas de los caballos en las estatuas



Hay una medida de tiempo casi inabarcable que utilizamos, bien o mal, muchos de los habitantes de la nación del pueblo argentino: ‘el otro día’. Puede ser ayer, anteayer, o algún otro día acontecido hace muchos años. En mi caso, el otro día fue hace un par de meses, cuando escuché algo que me resultó muy curioso caminando por las calles de Palermo (sí, como el tema de ‘El Pescao’). Se trata de todo el significado que acarrea algo tan común e inofensivo como son las patas de los caballos en las estatuas. Son las cosas que te enseña la calle, vio.


Estaba yo yendo a tomarme el colectivo para volver a Pilar cuando, cruzando la calle, escuché que un muchacho le decía a su amiga: “¿Sabías que por la estatua de un jinete podés saber si murió en batalla o por causas naturales?”. Mi incredulidad acompañó a la de la chica, siendo yo oyente indirecto de la charla. Bah, como un fumador pasivo de conversaciones, en el buen sentido. No sé si el pibe estaba tratando de hacerse el importante, el ‘oh-qué-culto-soy’, o qué, pero la realidad es que el dato me resultó sumamente interesante y me lo anoté en algún lado para hacer luego las indagaciones correspondientes.

Y es cierto. Existe un código para las estatuas ecuestres, que suele respetarse alrededor del mundo (aunque no a rajatabla), que establece que si en la escultura el caballo aparece levantando las dos patas delanteras en el aire (léase, encabritado), significa que su jinete murió en batalla. Si solamente una de las dos patas está levantada, el jinete murió a causa de las heridas recibidas en combate. Y si el equino tiene las cuatro patas en tierra, el jinete murió por causas naturales. Esto es algo que es popularmente sabido en nuestro país, en Inglaterra, en Estados Unidos…

Pero bueno, también abundan los ‘sin códigos’. O, mejor dicho, el saber popular es poco sabio al pretender estructurar la libertad de los artistas al momento de pensar y erigir sus obras. Y es que una estatua de un jinete con su caballo con los cuatro cascos en el piso no tiene mucho rating. Si no, piensen en las estatuas de don José de San Martín, que uno de los pocos lugares donde su caballo tiene todas las patas en el suelo es en San Martín de los Andes. Y es que el señor murió tranquilo en Francia.

En fin, ¿los escultores tienen poco código o el saber popular no se ha podido imponer? Yo hasta que no me presenten el documento por escrito, firmado por todas las estatuas sindicalistas del mundo, en el que se pruebe fehacientemente que esto de las patas tiene asidero, no lo voy a terminar de creer. Veo mucha teoría y poca práctica. Por mi parte, a mi estatua, si me la llegan a hacer algún día, quiero que me la hagan de pie y con mis anteojos apuntando a sotavento.

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