Poema #4: La vista misma

Una de las cosas que más me llamó la atención, en su momento, cuando me encontré con el curso de poesía en North Park University fue que los poemas no tienen que ser necesariamente sentimentales o amorosos. Ahí empecé a mirar de otra manera a la poesía. Con el tiempo me daría cuenta de que es mucho más fácil escribir sobre los sentimientos y aspiraciones de uno mismo que sobre, por ejemplo, una silla. Con ese desafío en mente fue que decidí escribir este poema, para salirme un poco de los sentimentalismos. Y va dedicado a todas esas personas que no saludé en la calle por ser corto de vista, a todos esos colectivos que dejé pasar, a todas esas ofertas que no advertí, en fin...

La vista misma

No es cosa fácil el vivir sin ojos
Caminar ciego por la vida misma
Pero aún peor olvidar los anteojos
Y ver la vista misma sin carisma

Bienvenidos a mi mundo borroso
De lejos, adivino los saludos
Y ya ni los colectivos esbozo
Hasta puedo parecer confianzudo

Pero qué invento hermoso el par de gafas
Más que un contacto, más intelectuales
Dos cristales, visores de ventajas

La ilusión de a la vida adelantársele
De ver más allá, de pasar las hojas
De tenerlo en la nariz y olvidarle


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